Caperucita Roja, uno de los cuentos populares más famosos, podría tener un origen y un significado muy diferente del que tradicionalmente se le ha atribuido.
A
todos en nuestra infancia se nos ha contado la historia de Caperucita Roja,
aquella niña que, mientras llevaba una cesta a su abuelita, se topó con un lobo
que intentó comérsela. Sin embargo, si nos ponemos a analizar el origen, el
sentido y las distintas versiones que de este relato se han hecho, llegamos a
la conclusión de que no es todo tan sencillo e inocente como puede parecer.
Siempre
se ha pensado que la historia de Caperucita tuvo su origen en Francia, poco
antes de que Charles Perrault se encargara de ponerla por escrito en el siglo
XVII. No obstante, según un estudio realizados por antropólogos, su origen
podría remontarse mucho más atrás. Estudiando este cuento como si de un
organismo biológico se tratara, creando un “árbol taxonómico” y buscando un
ancestro común, se hallaron 35 versiones de Caperucita a nivel mundial con 70
variantes de la trama, que comparten un ancestro común de más de 2600 años de
antigüedad. Así, por ejemplo, mientras que en Europa es el lobo el que intenta
engañar a la pequeña, en China se habla de un tigre.
La
versión más conocida, la de Perrault, fue suavizada por el autor: en la
variante oral, el final de la protagonista era trágico, ya que el lobo las
devoraba a ella y a su abuela. Asimismo, se incluía la siguiente moraleja: “los
niños, sobre todo las niñas bellas, bien hechas y gentiles, hacen muy mal en
escuchar a toda suerte de personas. Y no es extraño descubrir que el lobo tiene
hambre. Digo lobo, mas no todos los lobos son iguales. Quienes, sigilosos,
complacientes y dulces, siguen a las señoritas hasta sus casas, hasta las
calles...¡Pero cuidado! Quien sabe si esos lobos dulces, de todos los lobos, no
son los más peligrosos”. Como puede verse, el relato pretende concienciar del
peligro que supone hablar con desconocidos. Pero el sentido oculto de
Caperucita Roja va mucho más allá.
Los
entendidos en simbología y análisis de textos desvelan que el cuento popular
tiene una carga sexual implícita. Caperucita Roja sugiere a una jovencita de
sexualidad incipiente que apenas ha experimentado su primer ciclo menstrual,
mientras que el lobo representa a un ultrajador: seductor viril pero mal
intencionado. Cuando el animal se disfraza de abuela para poder devorar a la
niña, los expertos deducen que se produce “una asociación entre el travestismo
y el lobo, de la que se desprende una motivación moral sexista que diferencia
con claridad un género del otro, equiparando la confusión de los mismos con una
actitud censurable”. Según todo esto, nada es lo que parece en lo que se nos
antojaba como un inocuo cuento infantil.
A
pesar de que todo esto puede parecer retorcido, malinterpretado o, simplemente,
un intento de buscarle tres pies al gato, no se puede negar que no sería la
primera vez que se descubriría que las apariencias engañan.
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